Crónicas de lo cotidiano 135: "En la salud y en la enfermedad", por bonzopoe
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Vivir solo tiene muchas ventajas, si dejamos de lado ese estigma de la soledad que tanto le achaca la sociedad. Pero hay que reconocer que tiene también sus desventajas. Una de ellas es que uno se vuelve muy celoso de su espacio, y al aprender a apreciar nuestra soledad nos volvemos más quisquillosos respecto a la compañía de los otros.
Acostumbrarse a estar solo y no necesitar a nadie es bueno, y creo que es algo que todos deberíamos experimentar en alguna etapa de nuestra vida, pero esto nos hace poner estándares más altos a la compañía de los otros, y no pocas veces preferimos estar solos a estar con personas que no nos aportan nada, o casi nada.
Justamente ayer y anteayer, me preguntaba muy seriamente si había algo mal en mí, porque por dos días consecutivos tuve que alejarme de grupos de estudiantes que compartían un espacio vestibular conmigo en la universidad, simple y sencillamente porque no podía soportar escuchar lo que charlaban estando sentados junto a mí mientras quien les habla leía un libro.

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El nivel de banalidad y absurdo de lo que charlaban era incomprensible para mí. No podía entender como podían estar tan inmersos en una charla tan nimia, y hablar tan a la ligera de lo que hablaban. Cuando empezaron a hacer chistes que me parecieron estúpidos, y atacarse de la risa con ellos, sencillamente tuve que retirarme.
Me preguntaba si mi reacción se debía a la brecha generacional, o a otra cosa. Y la verdad es que no he llegado a una conclusión, pero cuando me pasan cosas así valoro enormemente mi soledad, y todo lo que me permite, aunque entiendo que para algunos esto puede resultar tan incomprensible como me lo pareció a mi la charla de estos alumnos.
Otra desventaja tiene que ver con lo que da título a esta publicación, y es que hay circunstancias, como la enfermedad, en que la compañía puede ser un gran bálsamo, y esto sale a colación porque estoy enfermo en estos momentos. No es nada serio, pero me siento como si me hubiera pasado encima un camión, y realmente me vendría bien, aparte de la compañía, sentirme cuidado, y hasta mimado, o "apapachado", como decimos en México, en lo que me recupero, pero eso no va a pasar.

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Y esto no me deprime ni me afecta en realidad, pero no deja de ser una idea tentadora, un escenario que tengo que admitir que me resulta atractivo. Sin embargo las cosas no son tan fáciles, porque la triste realidad es que no hay garantías de recibir aquello que se supone que uno recibe a cambio de esta decisión tan importante de vivir su vida en solitario o acompañado.
Mucha gente se casa para no estar sola, y lo sigue estando solo que en compañía de alguien, a veces viviendo una vida mucho peor de la que hubiera tenido si no se hubiera casado. Hay gente que cree que por tener hijos habrá quien vea por ellos en su vejez, lo que suena de lo más lógico y razonable, pero tristemente esto es algo que tampoco no siempre sucede. Mucha gente es maltratada por sus hijos, o peor aún, abandonada a su suerte por estos.
La realidad es que tener una familia y/o vivir en pareja no garantiza nada, solo aumentan las posibilidades de diferentes escenarios posibles, que para muchos se dan, pero para otros tantos no, pero obviamente no van a ir por la vida contándoselo a todo mundo, lo que nos genera datos engañosos al respecto.

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Vivir solos, en pareja, trío, cuarteto o lo que sea, no garantiza nada a nadie, y no debemos esperanzarnos nunca de nada ni de nadie, aunque se escuche tan feo. Lo único que tenemos y tendremos siempre, somos nosotros mismos, por eso debemos ponernos siempre en primer lugar y nunca traicionarnos, y estamos obligados, desde mi perspectiva personal, a fomentar la capacidad y fortalezas suficientes para enfrentar los retos de la vida solos.
Si tenemos quien nos acompañe, eso ya es un plus que hay que valorar, y por supuesto disfrutar, pero esto no es algo que debemos dar por contado. Al final de cuentas, tanto en la salud como en la enfermedad, lo único que siempre tendremos es a nosotros mismos, y tenemos que aprender que eso debe ser suficiente.
Nuestra valía no debe depender de los otros, sino de nosotros mismos, y si estamos solos, porque así lo decidimos, o porque eso nos tocó vivir, no debemos verlo como una desgracia, sino como una realidad a la que debemos adaptarnos, y que si lo pensamos mejor no es necesariamente un escenario negativo. Creo que es mejor que vivir acompañado, y aún así vivir en soledad, pero esa es solo mi opinión, y da par una publicación aparte que podemos dejar para otro momento. Por lo pronto les dejo que es hora de tomar mi pastilla. Muchas gracias por leerme y hasta la próxima.
©bonzopoe, 2025.


Si llegaste hasta acá muchas gracias por leer este publicación y dedicarme un momento de tu tiempo. Hasta la próxima y recuerda que se vale dejar comentarios.

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Es cierto, uno se acostumbra a su espacio, su soledad, me sucedió cuando me retiré hace años del convento. Fue terrible adaptarme a la vida secular. Aún me cuesta
Cuando uno aprecia cosas diferentes a la mayoría, a vece es difícil ser parte, pero es cosa de encontrar un nicho donde nos sentimos a gusto, o crearlo. Mucha gracias por comentar y compartir. Saludos!